Santos Miguel González
Columna de opinión mordaz

en la diáspora
Colombia ya no parece una campaña presidencial.
Parece un coliseo romano digital donde TikTok reemplazó las plazas públicas y YouTube se convirtió en una guerra de gladiadores emocionales.
Mientras unos hablan de planes de gobierno, otros descubrieron algo más poderoso: la furia.
Y ahí es donde aparece Abelardo de la Espriella como un huracán mediático que comenzó a sacudir las columnas del viejo castillo uribista.
Porque una cosa es tener estructura política… y otra muy distinta es controlar el voto emocional.
El uribismo tradicional todavía cree que las elecciones se ganan con maquinaria, reuniones privadas, corbatas finas y discursos cuidadosamente calculados.
Pero las redes sociales llegaron con gasolina y fósforos.
Ahora el elector no quiere escuchar veinte páginas sobre reformas institucionales. Quiere ver a alguien gritando: “¡Voy a acabar con esto!”
Y ahí es donde el algoritmo sonríe.
Mientras Paloma Valencia intenta navegar como una senadora clásica entre debates y discursos institucionales, Abelardo aparece como abogado televisivo convertido en tigre político digital, rugiendo contra todo lo que se mueve.
Y el problema no es solamente Abelardo.
El problema real es el miedo.
Porque cuando los movimientos comienzan a sentirse en la diáspora, en Madrid, Miami y YouTube… las paredes tiemblan.

hijo de Uribe
El viejo uribismo empieza a mirar de reojo como un vampiro aristocrático viendo entrar a un depredador más joven al castillo.
De momento aparecen videos, llamados desesperados, discursos intentando reagrupar tropas… como si el Titanic político estuviera buscando cinta adhesiva mientras ya escucha el hielo romperse debajo.
Y entonces ocurre lo inevitable: el voto emocional se descontrola.
Ese voto no analiza. No compara programas económicos. No lee reformas tributarias.
Ese voto siente rabia. Y la rabia vota rápido. Las redes sociales son expertas alimentando esa emoción: un clip, una frase incendiaria, un enemigo común, una promesa de mano dura, y listo…
El algoritmo fabrica un mesías digital en cuestión de horas.
Lo más irónico es que el mismo uribismo que durante años dominó la política emocional de Colombia…
El Voto Emocional y el Temblor del Viejo Uribismo, ahora parece perseguido por su propia criatura evolucionada.
Como en las películas de ciencia ficción:
El experimento salió del laboratorio… y ahora corre por las calles asustando gente.
Mientras tanto, YouTube parece una cantina política: unos gritan comunismo, otros fascismo, otros salvación nacional, y algunos simplemente entraron por curiosidad y terminaron convencidos por un video de 45 segundos con música épica y banderas moviéndose en cámara lenta.
La política moderna ya no se cocina únicamente en los partidos.
Ahora se cocina en los comentarios, en los memes, en el enojo colectivo, y en la ansiedad de una población cansada.
Porque hoy el candidato que domina la emoción… muchas veces domina la conversación.
Y cuando un político viejo comienza a temblar frente a una pantalla llena de comentarios virales… ya no teme al rival y ahuyenta la paloma con sus movimientos de mano con el desespero
Temiendo al algoritmo y la tendencia .
Abelardo de la Espriella candidato a presidente de Colombia y Betty Pelaez, l(a reportera que estuvo en el pasado evento de poesias)

y Betty Pelaez periodistas
Y Abelardo de la Espriella, va como un tigre a su dominio, que le sirve como un santuario vital para refugiarse, descansar y cazar…Sabiendo que va a la delantera…
“porque en esta era digital, perder la tendencia comienza a parecerse demasiado a perder el poder y Uribe comienza a temblar con los resultados y tendencia de la diaspora»…


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