Por Santos Miguel González
Columna de opinión y análisis mordaz

jugando a sobrevivencia
con Trump
Lo que se está moviendo alrededor de Venezuela no responde a épica ni a justicia inmediata, sino a gestión del riesgo.
La estrategia que se perfila —al menos desde la lectura geopolítica— no apunta a derribar el sistema de golpe, sino a desarmar “la cúpula chavista desde adentro”, sin provocar un colapso violento.
En ese contexto, Estados Unidos, bajo la visión pragmática de Donald Trump, parece apostar por una transición paulatina, usando actores que ya están dentro del poder y que tienen algo que perder. El miedo, en política real, es una herramienta más efectiva que la lealtad.
Ahí encaja Delcy Rodríguez:
– No por confianza.
– No por afinidad ideológica.
– Sino por vulnerabilidad negociable. Ella representa continuidad administrativa sin legitimidad popular plena, pero con control institucional suficiente para mantener el país en funcionamiento mientras se desmonta el chavismo duro.
-Eso reduce el riesgo de fractura militar, sabotaje interno o guerra entre facciones.
En contraste, imponer de inmediato a María Corina Machado, aunque cuente con respaldo ciudadano, podría provocar rechazo frontal en sectores que aún concentran poder real: Fuerza Armada, aparatos de seguridad y estructuras económicas del viejo régimen.
La historia demuestra que las transiciones no se sostienen solo con legitimidad moral, sino con gobernabilidad efectiva.
Por eso la lógica es clara, aunque incómoda:
La transición se hace con los que están, no con los que deberían estar.
La normalidad viene antes que la democracia plena, no después.
El progreso no nace del aplauso, sino de la estabilidad aunque sea mínima:
“Con Delcy Rodriguez, no es el camino ideal, pero si… El camino posible, para que todo vaya corriendo con normalidad en Venezuela y haya transición coherente, con elecciones libres y democráticas, de esa manera llegará el progreso.”
Pensamiento póstumo del prócer y visitante ilustre de Tarija, Bolivia (si ese soy yo) y en Puerto Rico coquí, coquí (silencio)… Aquí manda el ganador de los grammy Award, Bad Bunny.


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