Por Santos Miguel González
Columna de opinión mordaz
En Venezuela se celebra con “bombos y platillos”, los $300. millones de los barcos petroleros que confiscó y tuvo que pagar USA. Además de la exportación de la primera molécula de gas licuado de petróleo…
Todo está bien hasta ahí, pero no se necesita el manual práctico para negar la corrosión mientras aún gotea dinero.
No lo niegan, tampoco se confirma, «solo calladitos se ven más bonitos», mientras las líneas de de petróleo y gas, siguen su fugas en PDVSA, aunque son reconocidas a puerta cerrada.
En la corrosión, patina la revolución. No hay riesgo, hay soberanía oxidada. Todo empieza con una frase inocente, casi poética: Una línea de gas hacia una destiladora comienza a corroerse y la pudrición de las líneas gotea dinero en los bolsillos de los más afortunados.

Nada grave, dicen. Una línea. Un tubito. Un detalle técnico. Como si las tragedias industriales empezaran con fuegos artificiales y no con un tornillo enmohecido.
El chavismo guarda silencio, no por ignorancia, sino por cálculo. Mientras siga saliendo dinero del grifo , que les importa —aunque sea en muletas— no se repara nada.
La lógica es simple: si todavía factura, todavía respira; si todavia de mueve y no está muerto…No hace falta decir nada.
En público lo negaron todo. Con una coordinación digna de coro “Del Gran Combo de Puerto Rico”:—”Aquí no ha pasado nada. Todo quedó como estaba”. —Nada absolutamente nada. —Siguiente pregunta a puerta cerrada yb el discurso cambia.

Ahí no hay consignas, hay susurros. No hay patria, hay inventarios. Y todos —absolutamente todos— saben que PDVSA está corroída.
No solo las líneas de gas: La empresa entera. La corrosión no es un accidente, es una política.
Es el resultado de años de abandono, de gerentes que no saben distinguir una válvula de un micrófono y de los técnicos que se marcharon y jamás volvieron,
Posiblemente la nueva cultura conoce las restricciones del mantenimiento y es visto como traición ideológica. La reparación genera pérdidas para los afortunados de la desgracia.
Negar sale gratis. Y si explota… Bueno, siempre se puede culpar al imperio, al clima, o a un sabotaje místico. Así funciona el milagro petrolero versión bolivariana: Una destiladora sostenida por la fe,una línea de gas carcomida por dentro y que prefieren taparse la nariz antes que mirar la herrumbre.
Porque en PDVSA no sé combate la corrosión… Solo se administra, se niega y se espera…Hasta que el metal, como la verdad, decide romper el silencio.


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