Por Santos Miguel González
Columna: Humor negro sátira y mordaz
La Guajira queda en el extremo norte de Colombia, limita al norte y al oeste con el mar Caribe, cerca de Venezuela. Tiene lugares turísticos hermosos y únicos como Cabo de la Vela, Punta Gallinas, el Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, Manaure con sus salinas, y las playas de Palomino y Mayapo, donde el desierto se encuentra con el mar Caribe.

Pero también es una región semi desértica, con paisajes áridos y rancherías indígenas, principalmente del pueblo Wayúu, donde los niños mueren de hambre y sed. Como diría el colombiano típico cuando un lugar está aislado: “Eso queda en la puta mierda”.

En el gran teatro de la política internacional, Gustavo Petro se ha convertido en modisto de causas ajenas. Con aguja en mano y retórica en boca, remienda la túnica palestina mientras los niños de La Guajira se desangra de hambre y sed, envueltos en harapos rotos que no alcanzan ni para cubrir una costilla.

el desierto
En tiempo de campaña, tanques de agua llegaron a cambio de votos, acompañados de promesas de progreso; luego, el pueblo quedó en el olvido. Petro sigue “cortando y cosiendo” telas en guerras ajenas: Netanyahu recibe discursos floridos y palabras encendidas, mientras los niños wayúu sólo comen caldos con arena.

Cómo buen sastre de Palacio mide la tela de su indignación con precisión quirúrgica: Gaza le da puntadas de gloria geopolítica, La Guajira apenas hilos de miseria que no lucen en pasarela internacional. Allá cose discursos en seda diplomática; acá, ni un remiendo de agua potable.
La paradoja es obscena: Petro defiende con ardor a niños palestinos que nunca han probado la “chicha guajira”, mientras los wayúu caen uno a uno como fichas de dominó en un desierto que sólo conoce polvo, sequía y abandono.
¿Dónde están las tijeras que corten la desnutrición y la sed? Quizá se perdieron entre maletas diplomáticas y pasajes en clase ejecutiva. Al fin y al cabo, las costuras de la política se ajustan a la moda del aplauso, no al cuerpo huesudo de un niño que muere bajo el sol.
El tema de La Guajira, no es un asunto novedoso, muchos medios lo han denunciado antes y se aviva con el megáfono que uso Petro, para denunciar la crueldad de Israel en la Granja de Gaza.
Lamentablemente la Guajira es una belleza cruel, con un desierto ardiente, que sigue siendo la pasarela del abandono: Los niños crecen rodeados de polvo, más que de pan…Mientras las palabras en tiempos de campaña políticas glorifican al portador y se ensalzan cómo de costumbre terminando en promesas «huecas y vacías».

Deja un comentario