Por Santos Miguel González
Columna informativa.
En medio de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Gustavo Petro volvió a colocarse en el «ojo del huracán diplomático.». Marchó junto a manifestantes propalestinos contra Benjamin Netanyahu y acusó a Israel de perpetrar un “genocidio” en Gaza y exigió la creación de un “Ejército de Salvación del Mundo” para liberar a Palestina.

El presidente colombiano, que ya había roto relaciones diplomáticas con Israel y suspendido exportaciones de carbón como medida de presión, radicaliza así su postura en un escenario internacional donde sus palabras dividen entre quienes lo ven como un abanderado de los derechos humanos y quienes lo acusan de antisemitismo.
Las calles de Nueva York fueron escenario de un hecho inusual: un jefe de Estado en ejercicio, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, participando en una protesta callejera contra el primer ministro de Israel. Rodeado de pancartas que pedían el arresto de Benjamin
Netanyahu, Petro se sumó a la marea pro palestina y lanzó una propuesta que sacudió a los diplomáticos: la creación de un “Ejército de Salvación del Mundo” bajo el amparo de la ONU para liberar a Palestina.

No es la primera vez que el mandatario colombiano eleva la voz. Desde 2024 rompió relaciones diplomáticas con Israel, congeló exportaciones de carbón destinadas a ese país y ha repetido, en foros internacionales, que lo ocurrido en Gaza no es una operación militar, sino un “genocidio” que la comunidad internacional tolera con silencio cómplice.
El choque con Netanyahu ha sido frontal. El primer ministro israelí lo ha acusado de antisemitismo y de alinearse con Hamás. Petro, por su parte, asegura que su postura no es religiosa ni ideológica, sino humanitaria: “No soy partidario de Hamás, sino de la democracia”, ha dicho en respuesta a los señalamientos.
En el terreno diplomático, sus palabras se han traducido en aislamiento de unos y aplausos de otros. Mientras gobiernos occidentales lo observan con distancia, líderes y colectivos pro palestinos lo celebran como una voz disonante frente a la hegemonía que respalda a Israel. Petro, fiel a su estilo, no parece temer las consecuencias: insiste en que Netanyahu “pasará a la historia como un genocida” y que la inacción global es la verdadera complicidad.
Lo cierto es que la figura de Petro, en su defensa de Palestina, trasciende ya los límites del discurso nacional. Desde Nueva York, con un pie en la protesta y otro en la ONU, su mensaje busca dejar huella: Palestina como símbolo de resistencia, Netanyahu como sinónimo de impunidad, y el mundo como juez que aún no dicta sentencia.

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