Por Santos Miguel González
Columna de tecnología y entretenimiento…

Hubo un tiempo en que veíamos robots boxear en el cine y sonreímos con condescendencia.
Era entretenimiento. Era fantasía. Era exageración digital. En la película Real Steel, Hugh Jackman entrena un robot para pelear en arenas futuristas. El público gritaba, las máquinas se golpeaban, y todo quedaba archivado en la carpeta mental de “imposible… pero divertido”.
China inaugura encuentros de boxeo, karate y kick boxing entre robots humanoides. No en una pantalla verde. En una arena real. Lo que parecía un guion hoy tiene patrocinadores.

Lo que parecía CGI hoy tiene sensores. Lo que parecía fantasía hoy genera millones. Antes los gladiadores sangraban. Hoy los gladiadores actualizar firmware, pero la pregunta no es si pelean bien…. La pregunta es qué se está entrenando detrás del espectáculo.
Cada golpe mejora el equilibrio dinámico. Cada caída ajusta sistemas de estabilidad y cada esquiva perfecciona tiempos de reacción artificial.
El ring es teatro y ahí nace el verdadero laboratorio está detrás del telón. Una vez nos dijeron que era deporte,innovación y puro entretenimiento.
Quizás lo es, pero la historia moderna tiene una costumbre peligrosa: Convertir el entretenimiento en ensayo general del poder.Primero normalizamos los drones como juguetes. Luego como herramientas. Después como vigilancia y finalmente armas de destrucción masiva.
Hollywood no predice el futuro. Lo ensaya y nosotros, cómodos en la butaca, aplaudimos cada escena, gritamos cada movimiento, porque la escena nos alcanza.
Lo que ayer parecía lejano hoy lo tocamos con los ojos.
No sangra. No grita. No siente, pero aprende y en pleno siglo XXI, aprender es poder. El futuro no llegó con trompetas. Llegó con guantes de titani muy Y subió al ring sin pedir permiso.

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