Por Santos Miguel González
Columna de opinión

«La Deidad ridícula»
Desperté con una imagen que la vi doble…y me tape un ojo y era una «Divinidad de Sanación» entrampando al mundo…me coloque unas gotitas en los ojos y era el mismo imbécil presidente haciendo el ridículo. Yo critico lo que está fuera de lugar y este «Señor del ridículo» se pasó de idiota..
No es la primera…ni será la última. Un líder convertido en primero en rey y ahora en figura divina, manos que sanan, luz que desciende, banderas que arropan… y un pueblo que observa la escena como si no fuera política… sino fe.
No importa quién la publique.Importa lo que provoca. Porque cuando un dirigente se deja pintar como salvador —o permite que lo pinten— ya no está buscando aprobación… está construyendo devoción. Y la devoción no cuestiona.
En estos tiempos, la política dejó de ser administración… y se volvió escenografía.Unos se presentan como redentores. Otros como guerreros. Otros como mártires. Todos distintos… pero con la misma intención: ocupar la mente.
La imagen reciente de Donald Trump —rodeado de símbolos celestiales y poder terrenal— no es un caso aislado. Es parte de un lenguaje que se repite en distintos rincones del mundo.
Un lenguaje donde el líder no es suficiente… tiene que parecer imprescindible. Y ahí entra el peligro. Porque cuando la política se convierte en símbolo… la realidad pierde peso.nNo se discuten decisiones.
Se defienden figuras. No se analizan resultados. Se protege la imagen. Y el ciudadano… deja de ser ciudadano. Se vuelve creyente.
La mente colmena no nace del miedo únicamente…nace de la admiración mal dirigida. De esa necesidad de creer que alguien tiene el control absoluto, que alguien “sí puede”, que alguien “sí sabe”.Y poco a poco… el pensamiento propio se delega. No hace falta imponer silencio… cuando la narrativa hace ruido por ti.
No hace falta perseguir… cuando la multitud corrige al que duda. No hace falta obligar…cuando la fe ya convenció. Ese es el verdadero poder moderno: no dominar territorios…sino percepciones.
“Porque el día que un pueblo deja de mirar al líder como humano…y comienza a verlo como salvador…ese día no perdió la política. Perdió el pensamiento”.
Y yo no sirvo para adorar fenómenos políticos que se visten de reyes un día y de Salvador del mundo otro día. Ellos son los falsos profetas que fingen tener inspiración divina para “engatusar” y Solo son «lobos rapaces» disfrazados de ovejas para obtener beneficios y adquirir riquezas.


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