Por Santos Miguel González
Columna de opinión
Escribo con pinzas… que cortan el viento, para tejer una columna con puro contenido, filoso y quirúrgico con un tono de ironía y sarcasmo que sonríe en el espejo, mientras se escucha una canción desde lejos del “Malo”(Willie Colon) que muerde.

en escritorios
En Washington no se queman libros: se extravían expedientes.No se censura: se “revisa”. No se persigue: se “reorganiza personal”.
Así funciona la nueva gramática del poder. De pronto, faltan expedientes del FBI. No uno. No dos. Decenas. Entrevistas que existieron, testigos que hablaron, formularios que fueron llenados con tinta oficial… y que hoy no están donde deberían estar. Nadie dice que se borraron. Eso sería vulgar. Aquí se prefiere la elegancia del vacío administrativo.
Curiosamente, mientras los documentos se evaporan cómo el éter. Los agentes, funcionarios con experiencia, analistas, investigadores que tocaron fondo en la investigación, Patel los envió de vacaciones eternas.
—Documentos incómodos— empiezan a salir por la puerta trasera del Buró. Sin escándalo. Sin conferencia de prensa. Sin aplausos. El silencio como forma de decirles arrivederci, good bye, aloha, sayonara y adiós La coincidencia es tan perfecta que roza la poesía burocrática. Se nos pide calma. Paciencia y confianza institucional.

¡Que quee!. ¿Qué dices?
Nos dicen que algunos archivos no aparecen porque contienen información sensible, algunos están duplicados y otros “siguen aún en revisión”.
La revisión eterna: ese purgatorio donde los papeles entran jóvenes y salen fósiles… si es que salen. Mientras tanto, una entrevista clave —una acusadora, una voz que habló más de una vez— aparece incompleta. Se publica una versión. Las otras…mmmm no.
Parece que la verdad, tuviera capítulos autorizados y otros prohibidos. Nunca se afirma nada. No se acusa a nadie en EEUU y pero en Reino Unido el principito pagó la vajilla entera.
Me preguntó: ¿Por qué un sistema de primer orden pierde documentos y desechan a quienes los recopilaron? No fue un error técnico. Estamos ante un patrón de lazos y corbata.
Aquí nadie dice “protección política”. No se llaman a las víctimas por su nombre y apellido a declarar nuevamente. Eso sería grosero. Se dice “reforma institucional”.
Nadie dice “represalia”. Se dice “alineación administrativa”. Si porque hay que alinearse con el rey sin corona . Nadie dice “impunidad”. Se dice “falta de evidencia”… aunque la evidencia sea precisamente lo que no aparece.
Así que entre cafés amargos de café con ron y silencios largos, aún el Estado moderno demuestra su arte más refinado: hacer desaparecer documentos sin dejar huellas visibles.
Porque en esta era no hace falta destruir la verdad. Basta con moverla de oficina en oficina y cansar al lector .
Despedimos a quien la sostuvo en sus manos, a quien la leyó y después dejamos que el público se canse antes que el expediente resucite cómo Lázaro.¡ Ay bendito! Estuvo aquí y no lo vimos.
El archivo perdido no grita. El agente despedido tampoco.Pero el patrón habla claro. Solo que hay que saber leer entre líneas… esas líneas que ya no están en el archivo…

no me culpe…
“Recuerda yo solo escribo sobre patrones…
Si de casualidad salpica a alguien y se reconoce en ellos, no es culpa del espejo.” Santos Miguel González . ( mensaje póstumo)


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