by Santos Miguel González
«Pasó el huracán y ahora no hay luz, por semanas o meses»… Frase popular
Sección: «Juan del Pueblo»
La historia de los servicios de energía eléctrica en Puerto Rico, es más vieja que “Matusalén”. El sistema eléctrico comenzó a operar en Villalba para el año 1893. Un hacendado cafetalero, ostentoso, llamado José Ramón Figueroa y Rivera, instaló en su vivienda una planta generadora que iluminó la primera bombilla eléctrica en las montañas borincanas.

Luego del «milagro» de la primera bombilla que iluminó nuestro terruño, el gobierno español hizo un decreto real para que se sometieran propuestas, pero nada sucedió porque en 1898 la guerra hispano-estadounidense estalló y, como resultado, Cuba se independizó y Puerto Rico pasó a manos del Imperio de «Gringolandia».

Años más tarde, en el 1940, las empresas privadas hicieron sus ofrecimientos para ofrecer el servicio de energía eléctrica en los hogares de los puertorriqueños. La revolución energética llegó para quedarse y el gobierno de Puerto Rico formó la corporación llamada Fuentes Fluviales que luego pasó a llamarse Autoridad de Energía Eléctrica.

Según la historia, el sistema de electricidad de Puerto Rico se compone de cuatro centrales de carga base: Central Aguirre, Central Costa Sur, Central San Juan y Central Palo Seco. Estas generan la mayor parte de la energía que produce la Autoridad de Energía Eléctrica con una capacidad que puede alcanzar 3,754 MW.

Todo «pintaba bonito» con las casas iluminadas, pero debido a un «chorro de cordeles aéreos», cada vez que atraviesa un huracán por el Norte, Sur o cuando nos «parte por el centro», por causa de la decadencia del sistema eléctrico en Puerto Rico, siempre nos quedamos «sin luz», una frase icónica, sinónimo de no tener sistema de energía eléctrica debido a que los postes y el tendedero eléctrico terminan en el suelo.

Huracanes como Hugo, George, Hortensia, María y Fiona nos dejaron semanas y meses sin el servicio eléctrico al dejarlo hecho añicos tras su furioso paso.
El ruido de las plantas sustituyó «el cantar del coquí. Ahora «arrulla a la persona agraciada que tiene dicho equipo y ya no sufren de calor. No todos tienen los «chavitos» para comprar una planta eléctrica y muchos tienen que soportar el zumbido de los mosquitos en el oído, sin contar los manoplazos para espantar el insecto volador que perturba la paz en las noches borincanas.

Tras la decadencia y el mal manejo de la energía eléctrica, llegó LUMA bajo un «acuerdo nebuloso», de 50 millones al año. La compañía aseguró que en caso de que llegara un huracán podía poner «pies en polvorosa». Nosotros los boricuas nos quedamos «jodidos» sin un servicio digno porque el gobierno hizo un mal negocio con esa empresa que no se lo merecía: un mega/ultra/super/contrato… Y Juan del Pueblo tiene que reclamar sus derechos desde la «trinchera»…Seguiremos informando
Colaboración especial y fotos de la escritora puertorriqueña Sandra Santana, ex presidenta del PEN Puerto Rico Internacional…






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