Por Santos Miguel González
Columna de opinión

En la mesa geopolítica del mundo se sirvió anoche un plato exótico: Un supuesto acuerdo entre Estados Unidos e Irán, sazonado con diplomacia, decorado con palabras bonitas…y acompañado de un titular que prometía paz por dos semanas.
Dos semanas. Ni un mes… ni un tratado… dos semanas, como oferta de supermercado.
Pero cuando uno se sienta a la mesa con calma —sin sueño, sin titulares gritando— descubre algo curioso:
👉 No hay plato principal. No hay acuerdo firmado. No hay alto al fuego. No hay documento sólido que aguante el primer mordisco. Lo que hay… es humo con forma de tortilla.
Dicen que en l versión en farsi aparece una frase peligrosa: “aceptación del enriquecimiento”.Pero en inglés… la receta cambia.
Ahí no se habla igual se sirve otra cosa. Y entonces uno entiende: no estamos ante un acuerdo…estamos ante un menú traducido para que cada comensal crea que pidió lo que quería.
Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz sigue abierto, y los misiles… siguen guardados, pero no olvidados.
Porque cerrar ese paso sería incendiar la cocina completa. Y nadie quiere pagar esa cuenta. ¿Y Trump? Trump no comió tacos. Trump posó con el plato.
Hizo lo que mejor sabe hacer: convertir un silencio diplomático en una victoria personal, los barcos siguen pasando, una pausa tensa en un titular triunfal, y una conversación en curso… en espectáculo servido. . Pero cuidado… Cuando te venden paz en porciones pequeñas, porque en política internacional
no es que el conflicto terminó…. 💀 Y al final, la verdad cae como salsa picante:
“No hubo banquete… hubo escenografía. Y mientras algunos celebraban el acuerdo, la guerra seguía en la cocina a fuego lento.”
👉 es que lo están administrando. Lectores recuerden bien esta nota: “El petróleo no sube por escasez…sube por miedo. Y no baja por abundancia…baja cuando el mundo deja de temblar.”


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